jueves, 24 de octubre de 2019

¿En qué ayudo?

- ¿En qué ayudo? Pregunta quién quiere ayudar porque no es el responsable.
- ¿Qué hago? Pregunta el que se sabe responsable.

Daniel Harper

Palabras

"Las palabras son seres vivos"
Hannibal en serie de televisión "Hannibal"

El Mar

Antes que el sueño, o el terror, tejiera
mitologías y cosmogonías,
antes que el tiempo se acuñara en días,
el mar, el siempre mar, ya estaba y era.
¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento
y antiguo ser que roe los pilares
de la tierra y es uno y muchos mares
y abismo y resplandor y azar y viento?

Quien lo mira lo ve por vez primera,
siempre. Con el asombro que las cosas
elementales dejan, las hermosas
tardes, la luna, el fuego de una hoguera.
¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día
ulterior que sucede a la agonía.

Jorge Luis Borges en El otro, el mismo. 

lunes, 3 de junio de 2019

Verificación y autentificación del amor: noviazgo y enamoramiento

Saber si dos personas se quieren no es fácil, sobre todo en sus comienzos y en una etapa de maduración. decir a dos enamorados que lo que sienten, a o mejor, no es cariño auténtico es una verdad de la que solo se van a dar cuenta más adelante, cuando hayan descubierto lo que es amar en serio o cuando se hayan alejado el uno del otro. La experiencia demuestra lo fugaz y quebradizo de muchos enamoramientos que se consideraban poco menos que indestructibles. El mundo afectivo es demasiado intenso para no sentirse muchas veces engañado. La razón de estas decepciones radica en que se confunde la experiencia afectiva de la persona enamorada con el amor verdadero. Ya G. Marañón afirmaba que el enamoramiento es uno de los estadios más idiotas por los que atraviesa la humanidad. Cualquier persona qu se haya enamorado por primera vez siente que no hay vivencia más bella y encantadora. Es como introducirse en un mundo inédito, cargado de sorpresas, que ilumina toda la existencia con una luz suave y apacible, si que ninguna sombra oculte el espléndido paisaje. Pero es un amor todavía demasiado embrionario y sietemesino, como le sucede a cualquier nacimiento prematuro.

Ortega y Gasset, en sus Estudios sobre el amor, analiza muy bien los mecanismos psicológicos que intervienen en este proceso. Frente a los sujetos que nos rodean, sin que ninguno de ellos tenga un relieve especial, de pronto uno sobresale con tal fuerza que en él queda centrada la atención, permaneciendo los demás en la periferia. Existe sólo un punto de interés, y cualquier ausencia se vive como un vacío insoportable. El alma del enamorado, dice él mismo, huele a cuarto cerrado, porque todo gira en torno al amante, sin apertura hacia el exterior, como si ninguna otra cosa tuviera importancia. Hasta que, ante otra experiencia semejante, se cae en la cuenta de que la realidad es mucho más amplia y oxigenada. Por eso define el enamoramiento como una especie de imbecilidad transitoria. Es un preámbulo del amor, pero nunca puede confundirse con éste.

El noviazgo debería ser pues, una etapa educativa y pedagógica hacia la maduración de ese amor, y debería servir, al mismo tiempo, como prueba para la verificación de su autenticidad. Para la futura felicidad del matrimonio es absolutamente necesario que las personas se demuestren, en la práctica, que la recíproca llamada sexual, la necesidad de poseerse mutuamente, queda subordinada y transida por la presencia del cariño. Hay que determinar con los hechos, y no sólo con las palabras, que en la base de todo está presente el amor, que no puede apoyarse en las simples emociones placenteras. En esta situación primeriza, no hay todavía posibilidad de discernir si el cariño verdadero está presente en esas relaciones.

Esta misma etapa ya es un momento difícil para cumplir con esa tarea, pues se vive de ordinario con el deseo de conseguir una conquista, de obtener una seducción. Para ello la imagen del propio yo, sin malicia e inconscientemente, se ofrece adornada con un idealismo excesivo, que manifiesta más lo que uno quiere que lo que de hecho es. Se necesita honestidad y cierto tiempo para encontrarse con el tú real, con el que ha de compartir la i¡vida entera, y ver si es posible esa convivencia a todos los niveles.

Una relación sexual prematura en ese período de análisis y objetivación vendría a suponer un obstáculo mucho más fuerte. La gratificación obtenida, la urgencia de volver a experimentarla, el afecto y la cercanía que provoca, impulsan al convencimiento de una absoluta sintonía, cuando a lo mejor no existe más que una vinculación tenue y pasajera. No hace falta mucha experiencia para comprender que la mayoría de los fracasos posteriores se producen por haber llegado las personas al matrimonio si saber cuán superficial era su afecto. Ni siquiera, como a veces se dice, la relación sexual tendría un valor probatorio. Resulta imposible experimentar lo que significa ese gesto cuando no este todavía la comunidad de vida que lo lena de contenido. De la misma forma que el éxito o el fracaso de tal experiencia no prejuzga en nada la capacidad de ambos para la armonía futura y la superación de los conflictos.

Eduardo López Azpitarte (2001), "Simbolismo de la Sexualidad Humana"

domingo, 10 de marzo de 2019

Soliloquio del individuo

Yo soy el Individuo.
Primero viví en una roca
(Allí grabé algunas figuras).
Luego busqué un lugar más apropiado.
Yo soy el Individuo.
Primero tuve que procurarme alimentos,
Buscar peces, pájaros, buscar leña,
(Ya me preocuparía de los demás asuntos).
Hacer una fogata,
Leña, leña, dónde encontrar un poco de leña,
Algo de leña para hacer una fogata,
Yo soy el Individuo.
Al mismo tiempo me pregunté,
Fui a un abismo lleno de aire;
Me respondió una voz:
Yo soy el Individuo.
Después traté de cambiarme a otra roca,
Allí también grabé figuras,
Grabé un río, búfalos,
Grabé una serpiente
Yo soy el Individuo.
Pero no. Me aburrí de las cosas que hacía,
El fuego me molestaba,
Quería ver más,
Yo soy el Individuo.
Bajé a un valle regado por un río,
Allí encontré lo que necesitaba,
Encontré un pueblo salvaje,
Una tribu,
Yo soy el Individuo.
Vi que allí se hacían algunas cosas,
Figuras grababan en las rocas,
Hacían fuego, ¡también hacían fuego!
Yo soy el Individuo.
Me preguntaron que de dónde venía.
Contesté que sí, que no tenía planes determinados,
Contesté que no, que de allí en adelante.
Bien.
Tomé entonces un trozo de piedra que encontré en un río
Y empecé a trabajar con ella,
Empecé a pulirla,
De ella hice una parte de mi propia vida.
Pero esto es demasiado largo.
Corté unos árboles para navegar,
Buscaba peces,
Buscaba diferentes cosas,
(Yo soy el Individuo).
Hasta que me empecé a aburrir nuevamente.
Las tempestades aburren,
Los truenos, los relámpagos,
Yo soy el Individuo.
Bien. Me puse a pensar un poco,
Preguntas estúpidas se me venían a la cabeza.
Falsos problemas.
Entonces empecé a vagar por unos bosques.
Llegué a un árbol y a otro árbol;
Llegué a una fuente,
A una fosa en que se veían algunas ratas:
Aquí vengo yo, dije entonces,
¿Habéis visto por aquí una tribu,
Un pueblo salvaje que hace fuego?
De este modo me desplacé hacia el oeste
Acompañado por otros seres,
O más bien solo.
Para ver hay que creer, me decían,
Yo soy el Individuo.
Formas veía en la obscuridad,
Nubes tal vez,
Tal vez veía nubes, veía relámpagos,
A todo esto habían pasado ya varios días,
Yo me sentía morir;
Inventé unas máquinas,
Construí relojes,
Armas, vehículos,
Yo soy el Individuo.
Apenas tenía tiempo para enterrar a mis muertos,
Apenas tenía tiempo para sembrar,
Yo soy el Individuo.
Años más tarde concebí unas cosas,
Unas formas,
Crucé las fronteras
y permanecí fijo en una especie de nicho,
En una barca que navegó cuarenta días,
Cuarenta noches,
Yo soy el Individuo.
Luego vinieron unas sequías,
Vinieron unas guerras,
Tipos de color entraron al valle,
Pero yo debía seguir adelante,
Debía producir.
Produje ciencia, verdades inmutables,
Produje tanagras,
Di a luz libros de miles de páginas,
Se me hinchó la cara,
Construí un fonógrafo,
La máquina de coser,
Empezaron a aparecer los primeros automóviles,
Yo soy el Individuo.
Alguien segregaba planetas,
¡Árboles segregaba!
Pero yo segregaba herramientas,
Muebles, útiles de escritorio,
Yo soy el Individuo.
Se construyeron también ciudades,
Rutas
Instituciones religiosas pasaron de moda,
Buscaban dicha, buscaban felicidad,
Yo soy el Individuo.
Después me dediqué mejor a viajar,
A practicar, a practicar idiomas,
Idiomas,
Yo soy el Individuo.
Miré por una cerradura,
Sí, miré, qué digo, miré,
Para salir de la duda miré,
Detrás de unas cortinas,
Yo soy el Individuo.
Bien.
Mejor es tal vez que vuelva a ese valle,
A esa roca que me sirvió de hogar,
Y empiece a grabar de nuevo,
De atrás para adelante grabar
El mundo al revés.
Pero no: la vida no tiene sentido.
 
De Poemas y antipoemas (Santiago, Nascimento,1954) 
Recuperado de: https://www.nicanorparra.uchile.cl/antologia/poemasyantipoemas/soliloquio.html

sábado, 9 de marzo de 2019

¿Dónde está el presente?

Lo que menos parece ser, es el presente. A veces se dice que hay que vivir el presente. Y es un consejo razonable. Pero ¿Dónde está el presente? ¿Y cómo puede vivirse en el presente? Se dirá: viva el día presente. Pero el día presente se puede dividir en 12 horas que ya fueron (o sea, pasadas) y 12 horas que aún no han sido (es decir, futuras). ¿Dónde puedo vivir ahora, entonces? ¿En la hora presente? Pero también ella puede dividirse en treinta minutos pasados y treinta minutos futuros. Y si se me pide que viva el minuto o el segundo presente, pasará exactamente lo mismo. ¿Dónde está, entonces, el presente? Está entre el pasado y el futuro, uniéndolos, y eso que ahí está - el límite - y no está ahí en ningún momento, sino que su "ser" es exactamente "dejar de ser".

Jorge Rivera (filósofo chileno) en Bentué A. (2003) "Muerte y búsquedas de inmortalidad" Ediciones Universidad Católica de Chile. Santiago.



jueves, 21 de febrero de 2019

El peligro de una moral autoritaria

Hoy no basta ya la repetición de unas normas, por muy verdaderas que sean, sino se indican al mismo tiempo los valores que encierran. La imposición autoritaria de unas obligaciones éticas sólo sirve para mantener una sumisión infantilizada en aquellos que no aspiran a vivir de una manera adulta. Toda persona tiene derecho a saber el por qué de lo mandado como imperativo moral, y esa pregunta no es siempre fruto de rebeldía o de falta de docilidad, aunque a veces se proponga en ese clima, sino una manifestación de la madurez humana y evangélica. El esfuerzo por encontrar la respuesta adecuada es la tarea de una ética actual, y no la mera repetición de lo que siempre se ha dicho. Si esa respuesta no existe, o no sabemos darla, de poco servirá la propuesta que se ofrece.

A nadie se le puede obligar a aceptar una norma obligada sin un convencimiento interno de que así debe actuar para su propio bien y para agradar a Dios, en el caso de los creyentes. Es el mayor desafío que se plantea a los educadores del mundo actual: saber dar razón y justificar aquellos valores que ofrezcan. Si hay que estar "dispuestos siempre a dar razón de vuestra esperanza a todo el que os pida explicación" (1 Pe 3,15), con mayor motivo aún tenemos que estar preparados para justificar una determinada conducta que, si es válida y buena para la persona, no puede serlo simplemente por el hecho de estar mandada.

Eduardo López Azpitarte (2001). "Simbolismo de la sexualidad humana". Sal Terrae: Santander
Pág. 17