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jueves, 24 de octubre de 2019

Cuento: La Casa de Asterión

Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz  de la tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que ho hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, cro, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madra; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.


El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Loas enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprndiera a leer. A veces lo deploro, porque las noches y los días son largos.
Claro que no me faltan distacciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suel, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos.) Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya verás cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.
No sólo he imaginado eso juegos, también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce [son infinitos] los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes, la casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris, he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce [son infinitos] los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.
Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensantgriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que alguna vez llegaría mi redentor, Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redeentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?
 El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.
    -¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.
Jorge Luis Borges, en El Alpeh

viernes, 27 de enero de 2017

sábado, 13 de febrero de 2016

Lo bello también vale


La señora Magloire cultivaba legumbres en el jardín; el obispo, por su parte, había sembrado flores en otro rincón. Crecían también algunos árboles frutales. 
Una vez, la señora Magloire dijo al obispo con cierta dulce malicia: -Monseñor, usted que saca provecho de todo, tiene ahí un pedazo de tierra inútil. Más valdría que eso produjera frutos que flores. - Señora Magloire -  respondió el obispo -, usted se engaña: bello vale tanto como lo útil. Y añadió después de una pausa: Tal vez más. 

Víctor Hugo (1862), en Los Miserables

domingo, 1 de febrero de 2015

No quiero comodidad

Pues yo no quiero comodidad. Yo quiero a Dios, quiero poesía, quiero peligro real, quiero libertad, quiero bondad, quiero pecado.

Aldous Huxley en  "Un mundo feliz"  (1932)

jueves, 15 de enero de 2015

Cajones emocionales

El lenguaje no solo describe, sino que crea nuestra realidad. Las palabras abren "cajones emocionales" de manera rápida y automática. El tipo de "cajones emocionales" que abren depende de las experiencias que asociemos a estas palabras.

Mario Alonso Puig en "Reinventarse" (2010)

Decidir poner la atención en aquí y ahora

Poner toda nuestra atención en lo que estamos haciendo en cada momento, seria como si aceptáramos que donde estamos y lo que estamos haciendo en ese preciso momento es lo más importante de todo, es decir, que ni quisiéramos estar en otro lugar ni quisiéramos estar haciendo otra cosa diferente. Cuando nos abrimos al momento presente, cuando lo aceptamos, cuando actuamos como si lo hubiéramos elegido, entonces trascendemos nuestros límites mentales y empezamos a descubrir cosas que previamente estaban veladas a nuestros ojos.

Mario Alonso Puig en "Reinventarse" (2010)

Perspectivas: ejercicio práctico

Le voy a pedir que durante medio minuto gire la cabeza hacia atrás, hacia la derecha y hacia la izquierda, y busque algo de color amarillo.
Supongo que, cuando le he pedido que haga el ejercicio, habrá intentado encontrar todos los objetos de color amarillo. Ahora, me gustaría preguntarle sobre aquellos objetos que tienen color morado. Si no ha visto ninguno, gire de nuevo la cabeza y, por favor, busque. Nuestra atención es selectiva  tiende solo a buscar lo que se busca de forma activa.

Le pondré otro ejemplo. Si es usted mujer y ha estado alguna vez embarazada, se dará cuenta de la cantidad de mujeres embarazadas que empieza a ver por la calle.

Si usted está pensando en comprarse un auto negro o rojo, verá cómo empieza a ver muchos autos de ese color. Este fenómeno tan sorprendente se debe a que en el tallo del cerebro existe una estructura llamada "sistema reticular activador ascendente" o SRAA, cuya misión es dirigir la atención hacia aquello que es más relevante para nosotros. Nuestra atención es selectiva y, por eso, lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo muestra.

Mario Alonso Puig en "Reinventar" (2010)

miércoles, 14 de enero de 2015

Serenidad

"La serenidad es la capacidad de mantener centrada tu atención, en medio de la dificultad, en aquello que para ti es una prioridad".

Mario Alonso Puig en "Reinventarse" (2010)

martes, 13 de enero de 2015

Palabras como rayos x

"Las palabras son como los rayos x, atraviesan cualquier cosa si uno emplea bien".

Aldous Huxley en "Un mundo feliz" (1932)

Los Nadies

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadie con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte, pero la buena suerte suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba. Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos.
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tiene cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia de la universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

Eduardo Galeano en "El libro de los abrazos" (1989)

Enojos

"Uno se enoja con la gente cuando siente que sus actos son importantes".

Don Juan Matus en Carlos Casteneda en "Las enseñanzas de Don Juan"

Humildad y Humor

"Si la humildad de reconocernos pecadores puede absolvernos de nuestros pecados, quizás tambien el hecho de reírnos de nosotros mismos nos libre del ridículo".

José María Cabodevilla en "La Jirafa tiene ideas muy elevadas".

Reírse de sí

"Conviene reírse de uno mismo cinco minutos cada mañana a fin de no hacer el ridículo el resto del día".

José María Cabodevilla en "La Jirafa tiene ideas muy elevadas".

No sabes lo que soy

Un diálogo que mantuvieron el maestro Subhas y uno de sus discípulos:
Era verano, al amanecer. El maestro observaba el vuelo de los pájaros, el placer del vuelo a esa hora temprana. "¿Y cómo sabes - preguntó el discípulo - que los pájaros sienten placer si tú no eres pájaro?". El maestro respondió: "Y cómo sabes tú que no soy pájaro si tú no eres yo".

José María Cabodevilla en "La Jirafa tiene ideas muy elevadas".

El peligro del miedo

"Todo sufrimiento, como todo lo real, tiene un límite, pero el miedo, como todo producto de la imaginación, no conoce límites: es capaz de producir cualquier sufrimiento imaginable".

José María Cabodevilla en "La jirafa tiene ideas muy elevadas".

lunes, 12 de enero de 2015

Envidia vs Codicia

"La envidia ha complicado muchísimo las operaciones propias de la codicia al sustituir la persecución de un objetivo por la lucha contra el competidor"

José María Cabodevilla en "La Jirafa tiene ideas muy elevadas"

Creatividad para responder

De san Ocadio mártir se cuenta que, cuando le mandaron a arrodillarse ante el emperador, replicó: "Yo solo me arrodillo ante Dios". Lo pusieron de rodillas por la fuerza, a golpes. Cuando le dieron la orden de levantarse contestó: "Lo siento, aún no he terminado mis oraciones".

José María Cabodevilla en "La Jirafa tiene ideas muy elevadas"

Crítica al absolutización del criterio de la utilidad

Podemos decir que el juego constituye la actividad improductiva por excelencia. Lo cual, lejos de suponer un reproche, significa su mayor alabanza. Efectivamente, equivale a definir el juego como actividad autónoma y soberana, en cuanto representa un fin en sí mismo y no un medio para la consecución de otros fines. Esto apenas puede entenderse hoy, pues vivimos en un mundo desquiciado donde el criterio de la utilidad prevalece absolutamente. La primera pregunta acerca de una cosa es para qué sirve. De ahí pasamos enseguida, insensiblemente, a hacer la misma pregunta referida a las personas; la valía de un hombre, como de cualquier otro utensilio, se medirá por su índice de rendimiento. Ser significa ser útil. Saber significa saber manipular.

Algo ocurre en el alma de un niño el día en que deja de preguntar ¿qué es esto?, y empieza a preguntar ¿para qué es esto? Todo tiene que servir para algo. Ya se percató de ello Pangloss: la nariz está hecha para llevar gafas. Yo mismo sentí un gran alivio cuando me di cuenta de que la corbata sirve para limpiar las gafas. ¿y la risa? La risa sirve para activar el diafragma. ¿Y el juego? El juego sirve para relajar la tensión, para descargar de manera inofensiva nuestra agresividad, para satisfacer aquellos deseos que, no pudiendo ser satisfechos realmente, lo son mediante simulacro o ficción. ¿Qué me dice de todo ello, querido amigo? Verdaderamente, vivimos en un mundo desquiciado y desgraciado.

(...)

Los valores importantes de la vida no tiene utilidad, no pueden tenerla, ya que esto supondría estar al servicio de otros valores. No tienen utilidad, no tiene sentido. Es menester proclamarlo bien alto, ni el juego, ni la oración, ni la alegría, ni el amor, ni la libertad, ni la contemplación estética, sirven para nada.

José María Cabodevilla en "La Jirafa tiene ideas muy elevadas" 

Decapitadores

"Un hombre sin cabeza tiende a decapitar a todos los demás".

José María Cabodevilla en "La Jirafa tiene ideas muy elevadas"

lunes, 5 de enero de 2015

Opinión e identidad

Pedimos a las personas sus opiniones más para saber algo de ellas mismas que para saber del asunto sobre el que van a opinar.

José María Cabodevila en "La jirafa tiene ideas muy elevadas"