viernes, 18 de julio de 2014

Esperanza inconformista

El que espera "la nueva creación" no puede conformarse jamás con el mundo tal como está. Precisamente porque cree y espera en un mundo mejor, al cristiano se le hace intolerable este mundo configurado por el egoísmo, los abusos, la corrupción, la injusticia y la mentira. Nunca se podrá habituara a la injusticias, a la fatalidad de la muerte, a la mediocridad inevitable del ser humano. Estar en paz con el Dios de la esperanza es estar en discordia con este mundo. Por eso, como dice J. Moltmann, "para la esperanza, Cristo no es solo consuelo en el sufrimiento, sino tambien la protesta de la promesa de Dios contra el sufrimiento". La esperanza, cuando es verdadera, no aquieta, sino que inquieta; no deja descansar. No aplaca el "corazón inquieto" del hombre, sino que ella misma es el "corazón inquieto" dentro del ser humano. Mantiene el hombre disconforme mientras no se cumulan totalmente las promesas de Dios.

Jose Antonio Pagola (1996) en Es Bueno Creer.

Esperanza en tensión al futuro

El que vive animado por la esperanza cristiana pone su mirada en el futuro. No se detiene sólo por el presente; no vive encadenado al pasado; mira siempre hacia adelante. La esperanza introduce siempre perspectiva de futuro.

Jose Antonio Pagola (1996) en Es Bueno Creer.

Hombre light

Cuando falta la esperanza, la vida se va vaciando de verdadero contenido humano. Según prestigiosos psiquiatras, está creciendo entre nosotros un tipo de hombre "rebajado" de su contenido humano. Un hombre light. Como esos productos modernos, ligeros de calorías y atenuados en su fuerza natural: café descafeinado, leche descremada, tabaco sin nicotina. Un hombre interesado por muchas cosas, pero sólo de manera epidérmica. Muy atento a todo lo pragmático, pero con poco hondura. Un ser trivial y ligero, cargado por la vida, sin criterios  básicos de conducta. Al sexo se le llama amor, al placer felicidad; a los programas televisivos, cultura.

Jose Antonio Pagola (1996) en Es Bueno Creer.

Cristianismo y esperanza

Desde una perspectiva cristiana, se puede decir que creer en Jesucristo es descubrir la esperanza última que anima la existencia humana. Por eso, si un cristiano pierde la esperanza, lo ha perdido todo. Sin la esperanza, la fe cristiana se va vaciando de vida. El cristianismo decae y pierde vigor. Solo la esperanza moviliza la fe y anima desde dentro la vida cristiana.

Jose Antonio Pagola (1996) en Es Bueno Creer.

Consecuencias del sufrimiento inútil

Las personas que sufren inútilmente, hacen sufrir. Los resentidos crean en su entorno resentimiento. Los que viven en conflicto, siembran conflictividad. Los que no se aceptan con paz en sí mismos, difícilmente aceptan a los demás. Los que están descontentos de sí mi mismos, crean descontento y malestar.

Jose Antonio Pagola (1996) en Es Bueno Creer.

jueves, 17 de julio de 2014

La verdadera cruz que Jesús nos invita a llevar

La cruz no es sino el sufrimiento que se producirá en la vida del discípulo como consecuencia de ese seguimiento, el destino doloroso que habrá de compartir con Cristo si sigue realmente sus pasos: "El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Mc. 8,34). La cruz brota de la vida del cristiano como consecuencia de ese seguimiento  fiel a Cristo.

Esta sencilla y elemental observación es de suma importancia. Hoy se llama fácilmente cruz a cualquier cosa que hace sufrir, incluso a los sufrimientos que aparecen en nuestra vida generados por nuestro propio pecado o nuestra manera equivocada de vivir. En realidad, no hemos de confundir la cruz con cualquier desgracia, contrariedad o malestar que encontramos en la vida. D. Bonhoffer lo recuerda de manera clara y precisa: "La cruz no es el mal y el destino penoso, sino el sufrimiento que resulta para nosotros únicamente de hecho de estar vinculados a Jesús". La cruz es un sentimiento vinculado no a la exigencia natural, sino al hecho de ser cristianos.

Jose Antonio Pagola (1996) en Es Bueno Creer.

Inexactas comprensiones sobre la cruz de Jesús

Estamos habituados a considerar la crucifixión de Jesús como algo desconectado de su contexto histórico y de las causas concretas que la provocaron. La cruz aparece, con frecuencia, como una especia de negociación que se ha dado entre Jesús y el Padre para salvar la humanidad. La crucifixión de Jesús sería el resultado de un acuerdo entre el Padre, justamente ofendido, que exige una reparación, y el Hijo encarnado que entrega su vida de valor infinito en nuestro nombre por nuestra salvación.

A lo largo de los siglos se han ido desarrollando diversas teorías soteriológicas que interpretan la cruz de Jesucristo entendiéndola como rito apaciguador, precio de un rescate, víctima de expiación, sacrificio de inmolación, satisfacción de carácter jurídico-penal o moral, etc. Aunque el contenido de estas teorías puede ser explicado adecuadamente, su divulgación poco correcta ha contribuido a considerar falsamente la cruz como un sufrimiento que Dios reclama y exige antes de perdonar a los hombres.

Jose Antonio Pagola (1996) en Es Bueno Creer.