Jose Antonio Pagola (1996) en Es Bueno Creer.
jueves, 17 de julio de 2014
¿El sufrimiento enviado por Dios?
No hay motivos teológicos para concebir a Dios interviniendo de manera directa en nuestras vidas para repartir aquí o allá determinados sufrimientos como castigo, purificación o prueba de las personas.
La felicidad fuera de uno mismo
No hemos de olvidar lo que decíamos del engaño que supone poner la felicidad fuera de uno mismo. Cuando, para ser feliz, necesito de la aprobación y el aplauso de otros, de su amistad o de su amor, de su presencia y acogida, mi felicidad queda en manos de esas personas. Les doy poder sobre mí. Si me responden como yo deseo, me sentiré feliz: si no es así, me veré desgraciado. A la larga, quien espera que los otros le hagan feliz termina siendo un desdichado.
José Antonio Pagola (1996) en Es Bueno Creer.
La felicidad en las cosas
Cuando yo no pongo mi felicidad en esas cosas, les estoy dando un poder sobre mí, les estoy dando un poder sobre mí, les estoy entregando "la llave" de mi felicidad, hago depender mi felicidad no de mí, sino de algo exterior a mí. En realidad, yo me voy vaciando de libertad y de vida. La fuente de mi felicidad no está ya en mi mismo, la desplazo fuera de mí y la pongo en esas cosas a las que entrego "la llave" de mi dicha. Pero, ¿en sensato hacer depender la felicidad de algo que no está en mí?.
José Antonio Pagola (1996) en Es Bueno Creer.
La búsqueda de felicidad en lugares equivocados
El problema está en que no buscamos la verdadera felicidad, o la buscamos por caminos equivocados. Queremos que cambie el entorno que nos rodea, que mejore la situación, que las personas nos traten bien, que nos sucedan cosas buenas. En el fondo, buscamos que la vida se vaya adaptando a lo que nosotros deseamos. Nos parece que entonces tal vez seremos felices. Queremos ser dichosos, pero contando con el amor o la amistad de tal o cual persona, asegurando el logro de tal éxito, consiguiendo un determinado nivel de vida. Entonces esperamos que la suerte o el destino nos sean propicios, que las cosas nos vayan bien y podamos así ser felices.
Jose Antonio Pagola en Es Bueno Creer.
Bienaventuranzas y felicidad
Si se analiza la estructura de las bienaventuranzas, se observa que la felicidad de la que ahí se habla, no está producida por los esfuerzos que hacen los pobres, los que lloran, los no violentos, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz. No son ellos los que generan la felicidad. La dicha "acontece" en estas personas porque le tienen a Dios como rey y señor de sus vidas. Se les proclama felices porque reciben su consuelo, son saciados por él, gozan de su misericordia y su ternura, son sus hijos. La felicidad proviene de Dios.
Lo que tienen que hacer estas personas a las que Jesús se dirige, es tomar conciencia de esa felicidad. Descubrir cómo esa actitud concreta de pobreza, de amor misericordioso, de hambre de justicia, de limpieza de corazón, les está abriendo la posibilidad de experimentar la verdadera felicidad que siempre es regalo de Dios.
Lo que tienen que hacer estas personas a las que Jesús se dirige, es tomar conciencia de esa felicidad. Descubrir cómo esa actitud concreta de pobreza, de amor misericordioso, de hambre de justicia, de limpieza de corazón, les está abriendo la posibilidad de experimentar la verdadera felicidad que siempre es regalo de Dios.
Jose Antonio Pagola en Es Bueno Creer.
El mayor pecado: no disfrutar de la vida
Tal vez, la felicidad no se pueda conseguir porque ya la "tenemos", aunque no acertamos a experimentarla. Quizás la felicidad está ahí, en nosotros, en la vida misma, pero yo no me entero. Tal vez, en el fondo de la vida hay una felicidad real, desconocida, insospechada, que a mí se me está escapando porque ando ocupado en otras cosas que me parecen más importantes, pero que no me dejan disfrutar de verdadera felicidad. Mi mayor pecado puede ser que estoy disfrutando poco de la vida.
Jose Antonio Pagola en Es Bueno Creer.
Fe cristiana y felicidad
A los cristianos se nos olvida a veces que ele evangelio es una respuesta a ese anhelo profundo de felicidad que habita nuestro corazón. No acertamos a ver en Cristo a alguien que promete felicidad y conduce hacia ella. No terminamos de creernos que las bienaventuranzas, antes que exigencia moral, son anuncio de felicidad. En la historia del cristianismo se ha ido abriendo una distancia grande entre la felicidad concreta y actual de las personas y la salvación eterna. Se tiende a pensar que la fe es algo que tiene que ver exclusivamente con una salvación futura y lejana, pero no con la felicidad concreta de cada día, que es la que ahora mismo nos interesa.
Jose Antonio Pagola en Es Bueno Creer.
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